15 de octubre 2026
Texto: Josefina Salomón – Ilustración: Jonathan Gómez
“¿Cómo hacen para sobrevivir?”
Era la pregunta más básica, pero la más importante.
La mujer estaba sentada en la sala de su casa. Hacía casi dos años que esperaba, detenida entre sus pocas paredes, la sentencia por un caso de venta de drogas al menudeo. El juez le había aprobado el beneficio del arresto domiciliario porque tenía a una niña a su cargo, aunque no le permitía trabajar, ni vender nada desde su hogar. La mujer tampoco recibía ninguna ayuda social, de las pocas que sobrevivieron a la motosierra del gobierno de Javier Milei.
Otras mujeres en su situación ya habían vuelto a vender drogas al menudeo. Es que los «transas» (como se llama a los narcos locales), que se multiplicaron en muchos barrios ofreciendo de todo desde trabajo, préstamos y hasta comida, empiezan a aparecer como una única opción ante un panorama económico que para muchas personas ya pasó de terrible a desesperante.
La historia ocurrió en Buenos Aires, Argentina, pero podría haber sido en casi cualquier lugar de América Latina.
Es una de esas historias particulares que explican las más complejas transformaciones regionales.
Durante décadas, América Latina ha sido escenario de disputas por recursos, territorios e influencia. Hoy esas disputas están adoptando nuevas formas, tienen nuevos condimentos.
Gobiernos institucionalmente débiles que bajo nuevas prácticas autoritarias promueven estados más pequeños en su rol social y más expansivos en sus políticas de seguridad punitivista. Viejos y nuevos poderes económicos que disputan el control de recursos, incluyendo naturales, cada vez más escasos. Organizaciones criminales de todos los tamaños que toman provecho de esas disputas para generar otras, en lo que intentan controlar territorios para expandir sus negocios, cada vez más lucrativos.
En medio de ese remolino, organizaciones sociales de base y movimientos comunitarios de zonas periféricas siguen luchando. Intentan atajar la debacle de la erosión del estado, protegiendo el territorio y proponiendo visiones alternativas de futuros posibles.
En este escenario caótico, acelerado por las nuevas tecnologías y afectado profundamente por la desinformación y las narrativas tóxicas, ninguno de estos elementos puede analizarse por separado. No tiene sentido pensar en el control territorial de transas o grupos criminales, grandes o pequeños, sin analizar el rol que el debilitamiento institucional del estado tiene o la eficacia de las estrategias de resiliencia de las propias comunidades.
La geopolítica, la economía y los derechos humanos son parte de la misma conversación, y no es una conversación abstracta.
Es ahí donde nace La Veta.
Nuestro objetivo es explorar las dinámicas y consecuencias de las nuevas disputas por el poder que están reconfigurando América Latina.
Partimos de una premisa sencilla: no es posible comprender estas transformaciones políticas, económicas y criminales sin mirar lo que ocurre en las comunidades que están en medio de ellas, sus proyectos, cooperativas, redes de apoyo, economías alternativas y las formas de protección colectiva que implementan para sobrevivir.
Es esencial que estas experiencias, generalmente invisibilizadas, ocupen el centro de la conversación sobre el presente y el futuro de América Latina.
Nuestro objetivo es construir un periodismo que sea profundamente local y, al mismo tiempo, regional. Que pueda unir los puntos de las nuevas dinámicas en la región e indagar sobre nuestros posibles futuros. Informar sobre el poder sin perder de vista a las personas sobre las que ese poder se ejerce.
Hacemos periodismo de investigación, de análisis y de soluciones y lo hacemos a través de reportajes, investigaciones, explicadores, artículos de análisis y boletines, producidos por algunas de las plumas con más experiencia y conocimiento de la región y en alianza con otros proyectos periodísticos y de la academia que están respondiendo a algunas de las preguntas cruciales de este momento, en vivo y desde el terreno.
¡Muchas gracias por acompañarnos en este nuevo viaje!
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