19 de agosto del 2026
Por: Josefina Salomón – Ilustraciones: Sergio Ortíz
Todos los (casi)prohibidos …
1. Un marco global.En 1961, representantes de la gran mayoría de países se reunieron en las Naciones Unidas y acordaron el primer conjunto de normas para regular la disponibilidad de estupefacientes y drogas psicodélicas para uso médico. Los acuerdos buscan evitar que las sustancias se desvíen a los mercados ilegales, controlar los precursores esenciales para la fabricación de drogas ilegales, hacer frente al blanqueo de dinero y establecer un marco para la cooperación internacional. La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientessupervisa los requisitos para producir drogas de uso legal, incluida la producción y distribución reguladas de opiáceos y cocaína, por ejemplo.
2. Coca, Cocaína.Aunque ambas están prohibidas en la gran mayoría del mundo, las hojas de cocaestán en efecto legalizadas para uso como parte de prácticas culturales en Bolivia y Perú. De hecho, en 2013, Bolivia recibió una excepción especial a la Convención Única de Estupefacientes de la ONU. En lo que respecta a la cocaína, las cosas son distintas, aunque los regímenes legales varían enormemente de un país a otro. Arabia Saudí, por ejemplo, es uno de los 35 países que aún impone a pena de muerte a personas que tengan, transporten o consuman drogas. En otros países, como el Reino Unido y Estados Unidos., la cocaína está prohibida en cualquier circunstancia, pero las penas van desde multas a penas de prisión. En los últimos años, países como Argentina, Brasil y Colombia empezaron a descriminalizar el consumo de algunas drogas, aunque siguen persiguiendo la comercialización.
3. Legal.¿Te han anestesiado alguna vez para una intervención médica? Probablemente se trataba de opiáceos o incluso de medicamentos que contenían cocaína. Cada año, la Agencia Antidroga de Estados Unidos (DEA por sus siglas en inglés) fija la cantidad de droga que puede producirse legalmentepara fines médicos y de investigación legítimos. En la última década, la cifra nunca superó los 290 kilogramos anuales, lo que supone menos del 0,2de toda la cocaína consumida en el país. ¿Otro dato interesante? Perú es el único país del mundo que exporta hojas de coca al mercado mundial, a través de la estatal Empresa Nacional de la Coca (ENACO), cuya producción es, en una inmensa mayoría, exportada a un fabricante de químicos en Estados Unidos. Por su parte, legal o no, en algunos rincones de Colombia la cocaína se utiliza como moneda de cambio.
La guerra de las guerras
1. La guerra contra las drogas. Aunque no se trataba de un problema exclusivamente estadounidense, fue el presidente Nixon quien, en 1971, declaró las drogas “enemigo público número uno” y con esas famosas palabras lanzó una “guerra contra las drogas” a escala mundial que aún continúa. La famosa DEA nació de ese esfuerzo en 1973 y, a partir de ahí, el resto es historia. Aunque los métodos y las narrativas hayan cambiado a lo largo de las décadas, esta guerra sigue teniendo un objetivo principal: impedir, de cualquier forma posible, que las drogas se produzcan y lleguen a manos de los usuarios. Durante más de 50 años, la estrategia global ha permanecido prácticamente inalterada: erradicar por la fuerza las plantaciones de coca y dedicar todo el dinero y la fuerza posibles a perseguir a los capos de la droga – y a cualquier persona involucrada en el negocio. Se argumentaba que hacer que la cocaína fuera prohibitivamente cara contribuiría a reducir la demanda. En los últimos años, además, el gobierno de Estados Unidos ha liderado una brutal campaña de ataques contra embarcaciones en las aguas de los océanos pacífico y atlántico, argumentando que transportaban drogas y asesinando a decenas de personas.
2. ¿Ha funcionado? La respuesta es un rotundo “no”. No sólo la disponibilidad y la demanda de cocaína siguen siendo cada año más elevada, sino que las organizaciones criminales siguen ampliando su alcance e influencia, adaptándose con éxito a cada estrategia gubernamental. Casi 320 millones de personas de entre 15 y 64 años consumieron sustancias ilícitas en 2023, lo que supone un aumento del 28 por ciento en 10 años, según los datos más recientes de Naciones Unidas. Cada vez son más los jóvenes que consumen más drogas, incluidas las más duras, a medida que se extiende el consumo de cocaína con fentanilo. Los expertos tienen algunas explicaciones para esto. Ya en la década de 1970, los economistas sostenían que la aplicación de estrategias para aumentar el coste de un producto cuya demanda no está vinculada al precio tenía muy poco efecto. Esto se debe a que las personas que tienen una adicción siempre encontrarán la forma de comprarla, sea cual sea el precio. La falta de cocaína no hace sino aumentar su precio, haciendo el mercado más rentable y atractivo para los grupos criminales. En los países productores, el impacto de estas políticas ha sido aún más trágico. Por ejemplo, la fumigación de los cultivos de coca con productos químicos en la mayoría de los casos no ha hecho más que empujar a los grupos delictivos a otras zonas, reorganizando y aterrorizando a las comunidades locales.
3. Efectos secundarios. Además de no limitar la disponibilidad de drogas nocivas y de aumentar la violencia, expertos dicen que la “guerra contra las drogas” ha demonizado y castigado a ciertos sectores de la población (en su inmensa mayoría, comunidades negras y latinoamericanas). “Las drogas están más disponibles, son más baratas y más potentes que nunca. El coste de los fracasos (de las actuales políticas de drogas) ha recaído en mayor medida sobre las comunidades marginadas social y económicamente, las comunidades de inmigrantes, las comunidades minoritarias, los pobres”, dice Steve Rolles, analista de políticas de la Fundación Transform Drug Policy. Las cárceles se han llenado de personas marginadas implicadas en el tráfico a pequeña escala, lo que no ha tenido ningún efecto sobre el alcance y el poder de las grandes organizaciones delictivas. La posesión y el tráfico de drogas, incluso en pequeñas cantidades, se ha convertido en una característica definitoria de los sistemas penitenciarios de muchas partes del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, 1 de cada 5 personas está encarcelada por delitos relacionados con las drogas, la mayoría de ellas procedentes de comunidades marginadas. En América Latina, los estudios han demostrado que la mayoría de las mujeres encarceladas lo están por delitos relacionados con drogas ilícitas.
Una forma diferente
1. ¿Decriminalización? Quienes defienden este enfoque afirman que el consumo problemático de drogas es una cuestión de salud pública y no penal. En 2001, Portugal despenalizó la posesión personal de las llamadas “drogas duras». El consumo de drogas sigue siendo ilegal, pero el consumo personal ya no conlleva una pena de prisión ni da lugar a antecedentes penales. En los años que siguieron al cambio legislativo, cayeron las muertes por sobredosis, los casos de VIH relacionados con el uso de jeringuillas usadas y las penas de prisión por consumo de drogas. Portugal no está solo. En Argentina, la posesión de drogas también está despenalizada, aunque el comercio se castiga con dureza y es una de las principales causas de encarcelamiento, sobre todo para las mujeres.
2. Un paso más allá. La mayoría de los planteamientos de despenalización se centran en los usuarios de drogas. ¿El problema de estas tácticas? No se ocupan de las personas atrapadas en el tráfico. Al menos eso es lo que sostienen algunos analistas y dirigentes. Afirman que descriminalizar la producción y venta de drogas contribuiría en alguna medida a abordar la creciente violencia en los países productores, aunque la legalización unilateral en estos no ayudará a hacer frente a un mercado cuyos beneficios se basan en que los mercados sean ilegales. “En Colombia se suele decir que si Estados Unidos tuviera plantaciones de coca, el mundo estaría inundado de McCocaine’s. Así las cosas, Norteamérica tiene el monopolio de las sobredosis mientras que América Latina tiene el monopolio de las muertes violentas y la desestabilización de sus democracias. Por eso es un tema binacional”, argumenta Juan Diego Quesada, periodista de El País. Steve Rolles dice que el problema es que hay mucha confusión sobre lo que significa la despenalización. “Uno de los problemas es que cuando hablamos de despenalización, la gente piensa que sería como comprar tabaco, poder comprar heroína en supermercados o tiendas de golosinas. O comprar cocaína en los bares. Pero lo que defienden organizaciones como Transform es la regularización de los riesgos, de modo que las drogas se regularían de distintas maneras según su riesgo. Proponemos una serie de modelos diferentes, modelos médicos, modelos de venta en farmacias, modelos de regulación al por menor y algunos modelos de venta libre”.
3. Otras voces. En algunos países de América Latina, están creciendo los llamados, y las acciones, para que las estrategias contra las drogas dejen de castigar a las comunidades marginalizadas. En Argentina en el 2021, por ejemplo, un juez absolvió a una mujer a quien se le habían encontrado cuatro kilos de cocaína mientras viajaba en un autobús cruzaba a Chile. El juez argumentó que el contexto económico de extrema marginalidad de la mujer la había obligado a aceptar llevar la droga. “Hay un debate muy activo en todo el mundo sobre qué hacemos con todo esto. Si este paradigma de aplicación de la ley ha fracasado, ¿qué debemos hacer entonces?”, dice Steve Rolles. “La reducción de daños es la respuesta mejor establecida porque la prohibición y la guerra contra las drogas aumentan los daños a los que están expuestas muchas personas que las usan. Ojalá viviéramos en un mundo sin drogas, pero ese no es el mundo en el que vivimos. En el mundo en que vivimos hay una demanda sustancial de drogas y esa es la realidad pragmática con la que tienen que vivir los responsables políticos”.
4. Un mercado de oportunidades. Las organizaciones que abogan por la despenalización de las drogas sostienen que la creación de mercados lícitos implica desarrollar nuevas formas de concebir la comercialización de sustancias, principalmente las que se originan de plantas. “Hay que asegurarse de que el mercado lícito beneficie a un sector diverso de la sociedad, incluyendo especialmente a las comunidades que históricamente se han visto perjudicadas de forma desproporcionada por la prohibición. Por ejemplo, que los cultivadores tengan acceso preferente para participar en el mercado”, dice Steve Rolles. Pien Metaal, Oficial Superior de Proyectos del Transnational Institute, afirma que el problema con la forma en la que los países abordan las drogas es su enfoque binario: las drogas y las personas que las consumen o tienen algo que ver con ellas son buenas o malas y no se tiene en cuenta ni se analiza el contexto. “Vemos cambios [en las políticas], pero no van acompañados de un elemento de justicia social. No es que con la regularización la gente que participaba en actividades ilícitas vaya a entrar en los mercados lícitos. Es poco probable que la transición de lo ilícito a lo lícito beneficie a los cultivadores de la mayoría de los países, como sí lo hacen, por ejemplo, las grandes empresas, y eso es muy problemático”, explica.
Este explicador es una actualización del artículo publicado en In.Visibles en septiembre de 2023.